Nota Historica

 

Basilio Antonio Moreau fundó la Congregación de Santa Cruz en el período que siguió a la Revolución Francesa.

 

Moreau era un sacerdote de la diócesis de Le Mans.  Para socorrer las necesidades de la una Iglesia devastada en las zonas rurales, pensó en organizar a algunos clérigos como “sacerdotes auxiliares.”  En agosto de 1835 comenzó a reclutar sacerdotes con este propósito.  Eran pocos en numero a ayudaban al clero diocesano predicando misiones parroquiales.  Moreau quería que fueran también educadores y que algunos de ellos se preparan para esa labor.

 

Solo pocos días después de que se reuniera este primer grupo, y a petición de su Obispo, el Padre Moreau acepto hacerse cargo de los Hermanos de San José  Estos eran laicos fervorosos que venían respondiendo a la necesidad de educación primaria en las aldeas de la región.  Habían sido fundados quince años por otro sacerdote de la misma diócesis, Santiago Francisco Dujarie, párroco de Ruille-sur-Loir.  La decisión del Padre Moreau de reunir los dos grupos significa una iniciativa desusada en la historia de la Iglesia.  Esta unión se realizo por el “Acta Fundamental” del primero de marzo de 1837.  Los sacerdotes y hermanos se unieron en una misma asociación para servir las necesidades pastorales y educacionales de la Iglesia de Francia.

 

Los acontecimientos se sucedieron y empezaron a manifestar una formar y propósito que llevaron a un proyecto especifico.  En 1838, el Padre Moreau dio una regla de vida a un pequeño grupo de mujeres que había organizado par proveer al servicio domestico de los sacerdotes y hermanos.  En Sainte-Croix (Santa Cruz), un suburbio de Le Mans integro gradualmente los tres grupos en una sola congregación compuesta de tres sociedades autónomas.  Cada una de estas poseía su propia estructura de autoridad, pero todos estaban unidas abajo una sola administración general.  Introdujo la practica de hacer votos, primero entre los hermanos, luego entre los sacerdotes y, por ultimo, entre las hermanas.  El quince de agosto de 1840 el mismo Basilio Moreau se convirtió en el primer sacerdote en profesar públicamente los votos religiosos en la Congregación de Saint-Croix, o Santa Cruz.

 

Los sacerdotes, hermanos y hermanas llegaron a ser conocidos como salvatoristas, josefitas y marianitas de Santa Cruz, respectivamente.  El fundador les quería unidos en su vida y en su trabajo, como “una imitación visible de la Sagrada Familia.”  Veía su unión como “una palanca poderosa con la cual mover, dirigir, y santificar el mundo entero.”  La casa madre y su iglesia conventual, dedicada a Nuestra Señora de Santa Cruz, debían servir como símbolo y centro de esta unión.  La fiesta de esta iglesia se transformó en la fiesta patronas de toda la familia de Santa Cruz: Nuestra Señora de los (Siete) Dolores.

 

Desde el comienzo, el Padre Moreau vio en esta “Asociación de Santa Cruz” una comunidad religiosa apostólica al servicio de la Iglesia mas allá de las fronteras de su propio país.  Durante los primeros quince años, siendo el grupo todavía pequeño y organizándose paso a paso, los campos de su ministerio se extendieron mas allá de Francia, a otros países de Europa, África, y América del Norte.  La decisión de aceptar la difícil misión de Bengala, entonces parte de la India, persuadió a la Congregación para la Propagación de la Fe de aprobar la comunidad del Padre Moreau como orden religiosa para un servicio universal, ya no bajo la tutela de la diócesis local de Le Mans, sino de la Iglesia Romana.

 

La Santa Sede decidió en 1855 que los hombres y mujeres de Santa Cruz debían funcionar separadamente, y a su debido tiempo las hermanas llegaron a ser independientes.  En 1856 se otorgo un reconocimiento papal provisión a los varones;  el Decretum Laudis observaba: “Este Instituto compuesto de sacerdotes y laicos debe ser alabado.  Ellos aspiran a estar unidos por una alianza de amistad de tal manera que cada sociedad preserve su propia naturaleza, ninguna prevalezca sobre la otra, sino que ambas trabajen de consuno...”  Un año mas tarde, el trece de mayo de 1857, sus constituciones fueran aprobadas y las dos sociedades se fusionaron en una mas estrecha unidad al ser organizadas bajo una estructura de gobierno común a todos los niveles, no solo al nivel de la autoridad más alta.  Las áreas de ministerio de los sacerdotes y hermanos adoptaron como propias fueron dos: la predicación de la palabra de Dios, especialmente en las misiones rurales y extranjeras, y la educación cristiana en las escuelas, además de la capacitación agrícola y vocacional, especialmente d los niños pobres y abandonados.

 

Apenas había recibido la aprobación de su proyecto, el Padre Moreau comenzó a ser victima de severas criticas de parte de algunos de sus más influyentes sacerdotes, resentidos por las reprimendas que les hacia por su falta de responsabilidad en la administración.  Después de una serie de disputas, frustrantes y descorazonadoras, el fundador decidió hacerse a un lado, y renunció  a ser superior general en 1866.  Alejado—con excepción de algunas amistades y lealtades personal que perduraron—de la comunidad a la había dado su vida, reasumió su propio ministerio de predicación.  Las marianitas permanecieron mas lealmente a su lado durante sus últimos años.  Estaba bajo su amparo cuando falleció, el veinte de enero de 1893.

 

Las marianitas mismas recibieron aprobación para alcanzar status universal en 1867.  En 1869 y 1883 las hermanas de dos provincias en los Estados Unidos y Canadá recibieron existencia formal como congregaciones: las Hermanas de la Santa Cruz y las Hermanas de Santa Cruz y los Siete Dolores.

 

En los largos años que siguieron a su aprobación final, los sacerdotes y hermanos de Santa Cruz dedicaron sus mayores esfuerzos al ministerio educacional en los Estados Unidos y el Canadá; también en Francia, aunque éste se interrumpió durante la supresión de las ordenes religiosas entre 1903 y 1918.  Hubo también algo de inestabilidad.  La Congregación se retiro de África y, temporalmente, de Asia.  La mayor parte de las casas europeas se cerraron.  A pesar de estas perturbaciones, un creciente número de hombres trabajó de manera impresionante y con fruto en la red de los numerosos apostolados de Santa Cruz, siempre en aumento.  Medio siglo después de la muerte del Padre Moreau, la Congregación llegó a reestablecer la veneración de fundador, readquirió la iglesia de la casa madre, cuya venta había sido un golpe muy duro para él, y promovió su canonización.

 

El capítulo de 1945, persuadido de que la tensión entre sacerdotes y hermanos perjudicaba la vida y la obra de la Congregación, decretó que en adelante las dos sociedades no solamente serian distintas, sino que también estarían organizadas de tal maneras que los hermanos y sacerdotes habían de tener un gobierno separado, no compartido, en el nivel provincial y local.  Después del capitulo, Roma insistió en que los hermanos que no enseñaban, y que así lo quisieran, podrían permanecer con los sacerdotes en sus provincias, pasándose a la sociedad de los salvatoristas.

 

Los años siguientes fueron de tan rápido crecimiento en numero y en la diversificación de ministerios, que recordaban los primeros de la Congregación, bajo el Padre Moreau.  Santa Cruz retornó al África y expandió su presencia en América Latina.  El carácter internacional de la Congregación empezó a cambiar drásticamente.  Hubo religiosos que fueron al extranjero, no tanto a establecer nuevas iglesias, como a ayudar al desarrollo de las iglesias locales.

 

El Concilio Vaticano II instruyo a cada orden religiosa para que reexaminara su peculiar carácter y misión, y luego formulara constituciones revisadas.  Las constituciones publicadas por el capital general de 1986 surgieron después de dos décadas de deliberaciones, y fueron un ensayo consciente de retornar al ideal de Basilio Moreau.  La Congregación se venia convenciendo de que debía reinterpretar su identidad, no solo como una compañía de hombres dedicados a una misión de servicio, sino también, siguiendo la preocupación orientadora del fundador, como un grupo y religiosos clericales y laicos llamados a ser hermanos, a hacer vida común, y a emprender ministerio coordinados entre si y con las hermanas de Santa Cruz.

 

Santa Cruz ha permanecido.  En una época en que Dios suscita el servicio de muchas maneras nuevas, la Congregación bien puede esperar que su peculiar manera de servir—sacerdotes y hermanos en una misma fraternidad—sea una planta que de brotes nuevos.  El plan evidentemente necio era, como siempre lo creyó el Padre Moreau, obra de Dios.