Constitucion 5

Consagración y compromiso

 

 

 

43Por los votos de celibato, pobreza y obediencia consagrados, aceptamos el llamado del Señor a comprometernos pública y perpetuamente como miembros de la Congregación de Santa Cruz.  Grande es el misterio y significado que encierran estos votos.  Sin embargo, apunta a algo simple.  Son un acto de amor hacia el Dios que nos amó primero.  Por medio de nuestros votos, somos llamados a una singular intimidad con Dios, a una dependencia confiada en Dios y una pronta entrega a Dios.  Queremos así vivir a imagen de Jesús, que fue enviado por amor a anuncia el reino de Dios y que nos invita a seguirlo.

 

44Profesamos los votos por causa de esta misma misión de Jesús.  Por el celibato consagrado queremos amar con una libertad, apertura y disponibilidad que pueden ser reconocidas como signo del reino.  Por la pobreza consagrada buscamos compartir la suerte y unirnos a la causa de los pobres, confiando que Dios  nos proveerá lo que necesitemos.  Por la obediencia consagrada nos unimos a nuestros hermanos en comunidad y a toda la Iglesia en la búsqueda de la voluntad de Dios.  No pasmos que quienes se comprometen de otras maneras al seguimiento de Jesús servirán menos al prójimo.  Al contrario, encontramos en ellos dispuestos y complementarios socios en la misión compartida.  Queremos que nuestros votos, fielmente, vividos, sean testimonio y llamado para ellos, así como el compromiso de ellos, fielmente vivido, son testimonio y llamado para nosotros.

 

 

45A la vez, a través de estos votos, nos comprometemos a ser signos proféticos.  Somos peregrinos en este mundo, anhelando la venida de la nueva creación a la vez que procuramos ser administradores de esta tierra.  Dios ha provista al mundo con sus dones, pero a menudo estos dones son adorados mientras se ignora a quien los donó.  Queremos vivir nuestros votos de tal forma que cuestionen las fascinaciones de nuestro mundo: el placer, la riqueza y el poder.  Los profetas se presentan ante el mundo cómo signos de aquello que tiene valor permanente; los profetas al servicio del reino hablan u actúan en el mundo como compañeros del Señor.  Pedimos que podamos vivir nuestros votos con tal fidelidad que den un testimonio y servicio proféticos.

 

46Nuestros votos nos unen como comunidad.  Nos comprometemos a compartir unos con otros lo que somos, lo que tenemos y lo que hacemos.  Por ello formamos una comunidad, como lo hacían los primeros que creyeron en la resurrección de Cristo y fueron poseídos por su Espíritu.  Todo el grupo de creyentes estaba unido, de alma y corazón.  Ninguno reclamaba cómo propia ninguna posesión, pues todo le que tenían era para todos.  Con una sola mente compartían la misma enseñanza, una vida común, el partir el pan y la oración.

 

47Por nuestro voto de celibato nos comprometemos a buscar la unión con Dios en castidad de por vida, renunciando para siempre, por causa del reino, al matrimonio y la paternidad.  También prometemos lealtad, compañía y afecto a nuestros hermanos en Santa Cruz.  La apertura y disciplina en la oración, la ascética personal, el servicio misericordioso y el amor dado y recibido en comunidad, son ayudas importantes para vivir generosamente este compromiso.  Es nuestra esperanza y nuestra necesidad el vivir bendecidos por leales y afectuosas relaciones con amigos y compañeros en la misión, relaciones que reflejan la intimidad y apertura del amor que Dios nos tiene.

 

48Por el voto de pobreza nos sometemos a las directivas de la autoridad de la comunidad en el uso y disposición de los bienes, puesto que nos comprometemos a tener nuestros bienes en común y a compartirlos como hermanos.  Toda remuneración por servicios prestados, toda donación, ingreso o beneficio, son recibidos para compartir y disponer en comunidad.  En todo esto, esperamos que la bolsa común sea expresión de verdadera confianza de los unos con los tros en Santa Cruz, y libere nuestros corazones para que sean poseídos por el Señor.

 

49Al mismo tiempo, por esto voto renunciamos al uso y goce de nuestros propios bienes materiales.  Aunque cualquiera de nosotros puede tener o adquirir bienes propios, nos desapegamos de ellos dejando a otros su administración, su uso y sus beneficios.  Se presumen personales las herencias, legados y donaciones que, según su naturaleza o según la intención del donante, están destinados a ser propiedad personal de un miembro de la comunidad.  Para aceptar una herencia o legado, o renunciar a ellos, se requiere permiso del superior local o director de la residencia.  En lo que toca a las donaciones, este permiso se requiere solamente para su aceptación.  Si un miembro en votos perpetuos desea renuncia a la totalidad o a parte de sus bienes, debe obtener permiso del superior general y a conformarse a las disposiciones del derecho civil.

 

50Por nuestro voto de obediencia nos comprometemos a adherir fielmente a las decisiones de lo que tienen autoridad en Santa Cruz, según las Constituciones; también debemos obediencia al Papa.  Renunciamos al ejercicio independiente de nuestra voluntad para unirnos a los hermanos en un discernimiento Omán de la voluntad de Dios, tal como se manifiesta en la oración, la flexión comunitaria, la Sagrada Escritura, la guía del Espíritu en la Iglesia y en el clamor de los pobres.  Este voto incluye la totalidad de nuestra vida en Santa Cruz, y a través de el esperamos descubrir y aceptar la voluntad de Dios con más seguridad.

 

51Nuestros votos no sólo nos vinculan en comunidad; deben marcar nuestra vida en comunidad.  Un amor abierto, hospitalario y generoso debe caracterizar nuestras casas y nuestro servicio.  Como Congregación, y en cada una de nuestras comunidades locales, nos comprometemos al uso de pocos bienes y a una vida sencilla.  En el discernimiento del llamado de Dios somos una fraternidad al servicio de la Iglesia universal bajo la dirección pastoral del Papa, a la vez que respondemos a las necesidades de las Iglesias locales donde vivimos o trabajamos.  En lo que concierne al cultural, al ministerio pastoral y a nuestro trabajo por la venida del reino, nos sometemos a la autoridad pastoral de los obispos.

 

52Vivimos nuestra consagración en muchas tierras y culturales diferentes.  Nuestro compromiso es el mismo dondequiera que estemos, pero buscamos expresarlo de una manera que tenga raíces y sea enriquecido por los varios contextos y culturas en que vivimos.  De ese modo, esperamos hacer nuestro testimonio y servicio más eficientes para el reino.

 

 

53Cuando profesamos nuestros votos públicos, decimos lo siguiente:

Yo, (nombre),

me presento ante Jesucristo,

el Hijo de Dios y mi Señor,

en la asamblea de su Iglesia,

y en medio de la Congregación de Santa Cruz

y ante , (nombre y oficio de la persona que recibe los votos),

para profesar mi dedicación y mis votos. 

Creo que he sido llamado por el Padre y conducido por el Espíritu

a ofrecer mi vida y mi trabajo al servicio del Señor

para responder a las necesidades de la Iglesia y del mundo.

 

Por lo tanto, hago a Dios para siempre (por…año[s])

los votos de castidad, pobreza y obediencia,

según las constituciones de la Congregación de Santa Cruz.

 

Dios, que me permite e invita a tomar este compromiso,

me fortalezca y proteja para serle fiel.

 

54El religioso que pronuncia los votos puede someter a la aprobación del provincial o su delegado modificaciones a este fórmula, excepto en la parte en cursiva, que debe permanecer invariable.

 

55Nuestro llamado a servir y dar testimonio abiertamente otorga a nuestra consagración su carácter público.  Es conveniente, por lo tanto, que seamos ordinariamente vistos y reconocidos como miembros de la Congregación.  En conformidad con las costumbres de la Iglesia local y las decisiones de los capítulos provinciales, usamos un traje apropiado a un religioso.  El símbolo de la Congregación, la cruz y las anclas, se usa para identificarnos como miembros de Santa Cruz.